Sobre el divino amor – San Porfirios del Monte Athos & Atenas, Grecia (+1991)

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SAINTS OF MY HEART

Sobre el divino amor

San Porfirios del Monte Athos & Atenas, Grecia (+1991)

Fuente:

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CATECISMO ORTODOXO

“Aquél que ama poco, da poco.

Aquél que ama más, da más

y aquél que ama muchísimo, ¿qué tiene digno de dar?

¡Se da a si mismo!”

Cristo es nuestra vida, nuestro amor

Cristo es la alegría, la luz, lo verdadero, la felicidad. Cristo es nuestra esperanza. La relación con Cristo es cariño, es amor, es entusiasmo, es anhelo de lo divino. Cristo es el todo. Él es nuestra vida, Él es nuestro amor. Es amor inalienable el amor de Cristo. Desde allí nace la alegría.

La alegría es el mismo Cristo. Es un alegría que te hace un nuevo hombre. Es un locura espiritual, pero en Cristo. Te emborracha como el vino más puro, este vino espiritual. Cómo dice David:”Me preparas una mesa ante mis enemigos, perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar”.(Salmo 22, 5) El vino espiritual no está mezclado, no está adulterado, es muy fuerte y cuando lo bebes, te emborracha. Esta divina ebriedad es regalo de Dios, que se da a los “limpios de corazón”(Mat. 5, 8)

Ayunad tanto como podáis, haced todas las metanias que podáis, disfrutad de todas las agripnías que queráis; pero que estéis alegres. Que tengáis la alegría de Cristo. Es la alegría que dura eternamente, que tiene eterno regocijo. Es la alegría de nuestro Señor, que da el sosiego seguro, el placer sereno y la Sigue leyendo “Sobre el divino amor – San Porfirios del Monte Athos & Atenas, Grecia (+1991)”

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De qué manera podemos nosotros honrar a nuestros difuntos cercanos – San Juan Maximovich, EE.UU (+1966)

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De qué manera podemos nosotros honrar a nuestros difuntos cercanos

San Juan Maximovich, EE.UU (+1966)

Fuente:

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CATECISMO ORTODOXO

Vemos a menudo la tendencia que tienen los familiares de la persona fallecida, al incurrir en erogaciones para que el sepulcro y el sepelio sean lo más lujosos posible. Por lo general, el mayor gasto se efectúa en la realización de suntuosas lápidas.

Mucho dinero desembolsan los familiares y los amigos en plantas y flores, que además deben retirarse del ataúd antes de cerrarlo, para que ello no intensifique la descomposición del cuerpo.

Algunos quieren a través de la litografía manifestar su respeto al difunto y la condolencia a sus familiares. Este método revela a veces superficialidad de sentimientos y engaño, ya que realmente la persona que sufre no va a publicar su sufrimiento. La condolencia se puede demostrar personalmente de una manera mucho más cálida.

Pero sea lo que fuere que hagamos, de lo mencionado más arriba, el difunto no va a recibir ningún beneficio.

Al cuerpo muerto le es lo mismo estar bajo una pobre o una suntuosa lápida, estar en un pobre o en un lujoso féretro, él no va a sentir la fragancia de las flores, y no necesita las demostraciones de dolor fingidas. El cuerpo se somete a la descomposición, el alma vive, pero no percibe más las sensaciones que apreciaban antes sus órganos corporales.

Si realmente queremos al difunto, y verdaderamente queremos ofrecerle nuestras dádivas, entonces debemos darle lo que el necesita. Antes que nada, entregarle nuestras sinceras oraciones personales hogareñas al Señor, las oraciones a través de los oficios del Responso en la Iglesia, y muy en especial la conmemoración del difunto en la Divina Liturgia.

Otro beneficio muy importante que podemos brindarle al alma — es la realización de dádivas o donaciones. Alimentar al hambriento en nombre del difunto, ayudar al indigente, es lo mismo que hacerlo con el.

Santa Atanasia, cuya festividad se conmemora el 12 de abril, antes de fallecer, encomendó que se les diera de comer a los indigentes en su memoria durante 40 días, sin embargo las monjas del convento lo cumplieron solo durante 9 días.

Por lo cual la santa se les apareció junto a dos ángeles y les dijo “¿Porque Uds. se olvidaron de mi legado? Sepan que las donaciones y las oraciones de los sacerdotes, dadas en nombre del difunto durante 40 días atraen la misericordia de Dios”: si el alma del difunto fue pecadora, el Señor les da el perdón de los pecados, y si es que ella fue justa, entonces las personas que rezan por ella van a ser recompensadas con beneficios”

En particular, en estos días difíciles para todos, es una locura gastar dinero inútilmente para adquirir elementos superfluos, cuando, al aplicarlos en la asistencia a los indigentes, se pueden realizar dos buenas obras, una para el difunto, y otra para el necesitado.

Si se le da alimento a un necesitado, con oración en memoria del difunto, el necesitado se va a satisfacer corporalmente, y el difunto va a quedar satisfecho espiritualmente.

La guardia del corazón – San Juan Casiano

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La guardia del corazón

San Juan Casiano

San Juan Casiano apareció ante todo como un testigo de la tradición monástica. Nacido hacia el 365, probablemente en Escitia, pasa en principio dos años, muy joven aún, en un monasterio de Belén, y aprovecha para instruirse en los usos monásticos de Palestina, Siria y Mesopotamia. Más tarde llega a Egipto, donde permanecerá unos veinte años, casi sin interrupción (hacia 380-400). Allí visita los principales monasterios, y se traslada a continuación al desierto de Escitia, donde se agrega a un pequeño grupo de monjes cultivados, principalmente influenciados por el pensamiento de Orígenes, y al que pertenecieron Evagrio Póntico y Paladio. La polémica origenista lo obliga a abandonar Egipto. Pasa entonces cinco años en Constantinopla, cerca de San Juan Crisóstomo, y así tiene ocasión de estudiar las observancia y uso de los monasterios de Asia Menor. En el 405, se dirige a Roma para llevar al papa Inocencio I, una carta pidiendo al clero de Constantinopla para que se ponga a favor del obispo proscrito. Hacia el 415 lo encontramos en Marsella, donde funda dos monasterios, San Víctor, para hombres, y San Salvador, para monjas. Su experiencia le procura un prestigio sin igual entre los monjes provenzales. Se puede situar su muerte antes del año 435 (1).

El combate invisible

La renuncia y la ascesis corporal, tan necesarias como son, y la vida dentro del marco del monasterio, a pesar de las ventajas espirituales que presenta, no bastarían para encaminar al monje hacia la pureza del corazón, si no estuvieran acompañadas de otra forma de actividad espiritual, secreta e Sigue leyendo “La guardia del corazón – San Juan Casiano”

El cuidado del alma hace a los hombres buenos y amantes de Dios – San Antonio el Grande de Egipto (+356)

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El cuidado del alma hace

a los hombres buenos y amantes de Dios

San Antonio el Grande de Egipto (+356)

La meditación sobre la vida perfecta y el cuidado del alma hace a los hombres buenos y amantes de Dios. Puesto que el que busca a Dios lo encuentra, vence en todo a la concupiscencia y no se aparta nunca de la plegaria: tales hombres no temen a los demonios.

Fuente:

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CATECISMO ORTODOXO

 

Aristóteles y el Padre Simeón de la Jara de Perú

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Padre Simeón de la Jara

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Aristóteles y el Padre Simeón de la Jara de Perú

La aldea de Ouranoupolis, en el norte de Grecia, está cerca de las ruinas de Stagira, donde nació Aristóteles y, además, es el puerto obligado para quienes peregrinan al vecino Monte Athos, centro espiritual de la Ortodoxia. El hotel donde me alojo lleva el nombre del filósofo que fue preceptor de Alejandro y el encuentro al que asisto se titula: «La tragedia, entonces y ahora: de Aristóteles al tercer milenio». Nada más bajar del autobús que me trajo desde Salónica, zangoloteando entre olivares, cipreses y enjambres de turistas alemanes, me presentan al pope que me había propuesto conocer aunque fuera filtrándome de contrabando en la montaña sagrada de las iglesias orientales: el Padre Simeón.

Mario Vargas Llosa

Me habló de él hace un par de noches, en Atenas, mi amigo Stavros, mientras cenábamos en una terraza impregnada de aromas, bajo un cielo lleno de estrellas parpadeantes: «Si vas al Monte Athos, tienes que conocerlo. Es un monje-sacerdote, ermitaño, pintor, poeta, místico, reverenciado en toda Grecia, una de las figuras más destacadas de la Iglesia Ortodoxa. Y, cáete de espaldas, el Padre Simeón no es griego sino peruano». Desde entonces, este compatriota no se ha apartado de mi mente ni un solo momento. Y aquí me lo encuentro, entre los congresistas, invitado para hablar de la Poética de Aristóteles, la tradición mística y su propia poesía.

Es un hombre de cincuenta y dos años, de luengas barbas y plateada cabellera, ojos claros y largas manos que mueve al hablar con la misma elegancia con que lleva el imponente hábito que, a su paso, concentra todas las miradas. Es verdad: todos los griegos presentes lo rodean, lo siguen, lo acosan con una curiosidad efusiva a la que él parece consentir no sin dificultad. Es afable, cortés y habla despacio, como luchando contra el aturdimiento que deben producirle tantas voces, tanta gente, tanto trajín, comparados con el silencio y la quietud de la ermita erigida en una ladera cercana al monasterio de Stavronikita, donde ora, medita, escribe y pinta, solo con su fe, desde que en 1987 abandonó su clausura en el monasterio de Agios Grigorios para hacer vida de anacoreta.

Todo es griego en él, salvo su español, limeñísimo a más no poder. Un español muy suavecito, perezoso con las sílabas finales de las palabras, y musicalizado, de alta clase social, procedente de Miraflores o San Isidro, y forjado en un Sigue leyendo “Aristóteles y el Padre Simeón de la Jara de Perú”

El Decálogo

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ORTHODOXY IS LOVE

El Decálogo

Lo que la revelación nos enseña en el Antiguo Testamento sobre la vida espiritual del hombre aparece además en numerosos preceptos entre los cuales los diez mandamientos de Moisés o el Decá­logo siguen guiando hoy día a los cristianos—los cuatro primeros enseñan al amor para con Dios, los otros—el amor para con el prójimo. La mayor parte de ellos toman la forma de prohibiciones e indican los principales obstáculos en el camino de la vida verdadera.

Los dos primeros mandamientos

El primer mandamiento recuerda la verdad esen­cial del Antiguo Testamento: hay un solo Dios y es Él solo en quien está nuestra vida. “Yo soy el Señor tu Dios y no tendrás dioses ajenos delante de mí.” El segundo mandamiento explica el primero: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: no te inclinarás a ellas, ni las honrarás.”
Esta es una amonestación contra el culto pagano de dioses falsos. Existen todavía hoy idólatras inconscientes, aún entre los cristianos: todos los que toman por valor supremo cualquier valor rela­tivo, por ejemplo el triunfo de su propio pueblo, o de su raza o de su clase social (así todas las especies de patriotería, de racismo o de comunismo). El que lo sacrifica todo por el dinero, la gloria, la ambición o la satisfacción personal, se fragua un ídolo y lo adora. Todo cuanto es traición con­tra Dios, sustituyendo la mentira por la verdad, y al mismo tiempo subordinando el todo a una parte, lo más elevado a lo más bajo.
Esto es una desnaturalización de la vida, una enfermedad, una monstruosidad, un pecado que lleva al mismo idólatra a su propia ruina y muchas veces a la de otras personas. Es por eso que puede con­siderarse el segundo mandamiento como una amones­tación contra todo pecado en general.

El tercer mandamiento

El tercer mandamiento — “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano” —salvaguarda la base de nuestras relaciones con Dios, la oración. Es por su Palabra que Dios creó el mundo. La Palabra de Dios se hizo carne y nuestro Salvador. Es por eso que nuestra palabra también (no olvidemos que estamos hechos a la imagen de Dios) tiene una gran potencia. Debemos pronunciar Sigue leyendo “El Decálogo”

La columna que se abrió y resplandeció por el Fuego Santo (1579 d.C.)

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ABEL LETTERS

La columna que se abrió y resplandeció por el Fuego Santo (1579 d.C.)

Fuente:

http://www.skarlakidis.gr/el/thema/18–1579-.html

El Sábado Santo de 1579, de acuerdo con los anales eclesiásticos de la ciudad de Jerusalén, los gobernadores turcos de la misma prohibieron al patriarca griego y a los fieles ortodoxos entrar en la Iglesia de la Resurrección para la acostumbrada ceremonia del Fuego Santo.

Los documentos que refieren el suceso no determinan en qué año concreto ocurrió. Refieren, sin embargo, que en aquel periodo era patriarca de Jerusalén Sofronio, mientras que patriarcas de Constantinopla, Alejandría y Antioquía eran respectivamente Jeremías, Silvestre y Joaquín; por último, Murat III1 era sultán del imperio otomano.

Si nos remitimos a los catálogos oficiales (o a las páginas web) de estos cuatro Patriarcados, comprobaremos que los cuatro patriarcas de la Iglesia grecoortodoxa ejercieron sus funciones en la segunda mitad del siglo XVI, y si examinamos el periodo exacto del patriarcado de cada uno de ellos, y el periodo correspondiente al reinado del sultánMurat III, concluimos que el único año en que coinciden los mandatos de los cinco hombres es en 1579.2

El pórtico y la entrada de la Iglesia de la Resurrección.

De acuerdo con las fuentes escritas, el Sábado Santo de aquel año, un grupo de soldados turcos prohibió la entrada de los ortodoxos en la Iglesia de la Resurrección. La multitud de fieles esperó en el pórtico de la iglesia durante todo el día, incluso después de la puesta del sol.

El patriarca Sofronio IV, que estaba en el primer año de su patriarcado, se encargaba por primera vez de llevar a buen término la ceremonia más importante del año, pero los turcos le privaron de su derecho legal. Este se encontraba orando en la parte izquierda de la puerta del templo, cerca de una columna. Y de repente, cuando había caído ya la noche, la columna se abrió y el Fuego Santo brotó de su interior.

El patriarca encendió inmediatamente el cirio y pasó el Fuego Santo a los fieles. En pocos minutos, la llama sagrada se extendió a todos los presentes y el pórtico de la iglesia se iluminó. Los guardias turcos, asombrados, abrieron entonces las puertas de la iglesia, y el patriarca junto con la multitud de ortodoxos se dirigieron festejándolo al Santo Sepulcro.

La columna abierta a la izquierda del pórtico de la Iglesia de la Resurrección y a su lado el autor. La grieta tiene una altura de 1,20 metros y se asemeja a una llama ascendente

Los hechos ocurridos aquel día aparecen registrados en todos los llamados Libros de santuarios de peregrinación de Jerusalén, que son guías para los peregrinos de los Santos Lugares. El más antiguo de estos Libros que se refiere a la hendidura de la columna forma parte de un valioso manuscrito que Sigue leyendo “La columna que se abrió y resplandeció por el Fuego Santo (1579 d.C.)”